domingo, 22 de febrero de 2015

El alma del Tui-shou (1)

EL ALMA DEL
  TUI-SHOU (1)


Texto: Félix Bargados

                                                  “Pensar no es función del decir, pensar es fuente del decir”

Me explicaré con la claridad más transparente y con la más generosa confianza que me permita mi humilde habilidad en el decir.

Y si me lo permite, a través de esta máxima y con un pequeño pero luminoso rodeo, llegaremos al entendimiento profundo del término “empuje de manos” (Tui-shou), y con suerte, a abrazar el espíritu del mismo y su vida secreta; que es lo que verdaderamente se pretende.
¡Ah! y de resultas, poner en su mente un concepto, de extrema sensibilidad, que está en mi mente, además de poner en su corazón un sentimiento, de tan vibrante vida, que está en mi corazón.

En principio, las personas nos comunicamos porque compartimos las cosas con las palabras. Pero para hablar de las cosas, según sugiere la teoría “denotacionista”, no tenemos que llevar a cuestas las cosas.
Sería muy costoso y muy bestia que para decir “caballo”, tuviera que llevar un caballo a cuestas y enseñarlo.
Somos seres inteligentes, y por tanto, el significado de un término lingüístico es su referencia objetiva en el mundo, o sea, el objeto.
Por ejemplo si digo la palabra “casa”, corresponde al objeto en cuestión. Es así como los términos se aprenden por medio de la “ostensión”: se pronuncia el término y se señala el objeto en cuestión.

Pero la famosa teoría “denotacionista”  sostiene,  y como pensar es fuente del decir, también el significado de un término es su imagen visual en la mente y como consecuencia, el poder de poner esa imagen en la mente de los demás. O sea, imagine un oso de color de rosa. Ya he usado el poder de poner un oso rosa en su mente y en la mente de todos los que lean esto. Es inevitable reconocer que, esta teoría de la denotación de imágenes no es nada desdeñable, de hecho, el mundo está lleno de osos rosas por todas partesY ahora más.

Pero ahora, las imágenes palidecen ante la poderosa sombra de los conceptos, porque si bien es cierto que no hay imagen sin palabra, también lo es que hay palabras sin imagen. Por ejemplo, la palabra “bueno” ¿a que imagen visual correspondería?

Esto es así porque en realidad, la palabra no es el primer engranaje de la cadena de comunicación. En realidad es el último.  La palabra presupone, bien un objeto, una imagen o en este caso, un concepto previo. Es decir, un pensamiento.
Entiéndase bien…
Pensar es fuente del decir.
Pensar no es función del decir.
Y entendido lo anterior, debo añadir que, decir no es sólo expresar la naturaleza de las cosas, sino más bien conceptos que despiertan emociones.
Si, ha oído bien, conceptos que despiertan emociones.
Y así como antes hemos puesto un oso rosa en su mente, en breve pondremos un “concepto rosado”, el de la fuente íntima del dicho : “empuje de manos”.

De todo esto deducimos que, decir es despertar emociones sobre las cosas, porque en general, comunicamos emociones más que razones. Somos animales emocionales más que animales racionales. De lo dicho se desprende que una palabra dicha como por ejemplo Tui-shou, más que evocadora de imágenes, es evocadora de conceptos y de sentimientos.

Tras esta pequeña digresión, y bien sentado lo anterior, entramos ahora en el terreno que pretendíamos desde un principio: entender más que palabras, entender qué se quiere decir con “empuje de manos” y llegar a su alma.

Tui-shou se traduce literalmente por “empuje de manos”, pero de una buena práctica y entendimiento del mismo, se abduce en base a la teoría “connotacionista”, un “doble sentido”. El de que ambas palabras sugieren una significación y una intencionalidad diferente a la suya propia.
 Y al igual que con el término “Platón” no queremos decir plato grande, ni con “endoscopio” que alguien copió en dos exámenes; lo que quiere comunicar “empuje de manos” no es la denotación ostensiva del hecho tan prosaico de empujar, sino otro más figurativo. De hecho no tiene ningún valor positivo ni es recomendable andar por ahí empujando a la gente como si la despreciásemos.

Pero lo cierto, es que es inevitable reconocer que, como resultado de la traducción literal “empuje de manos”, se ha difundido la grotesca idea de que estamos hablando de una actividad donde hay que empujar a los compañeros para desequilibrarlos y vencerlos con el desdén y arrogancia que se estila necesario.
 ¡Nada más lejos de la realidad! Eso reforzaría el alma detestable del ego y sería tan pedestre que no aportaría ningún valor, ya no digo espiritual, sino ni siquiera humanamente civilizado.
 Pero que sea un extravío evidente, no significa que no sea aceptado por muchas personas, porque en realidad, esta impostura inercial de conformidad lastimosa ha resultado ser pavorosamente fértil. Tanto y tan proliferante que me gusta describir como “la semilla absurda de un craso error, montado en la inercia de la resignación”.

Y todo porque las palabras conforman la opinión que le damos a las cosas.
Un tipo confiesa al juez:-Señoría, lo siento, he cometido un asesinato “solidario”.
El juez responde: -Sin problemas, no se preocupe, si es “solidario”

Las palabras pueden confundirY de hecho confunden.
Sobre todo, confunden aún más si no se comprende que a veces transmiten conceptos sutiles o grandiosos en vez de simplemente cosas.
Y en este caso hablamos de un bello concepto espiritual, dentro de una palabra en cierto modo un poco chabacana. Un concepto benéfico, encorsetado dentro de una palabra un tanto maléfica. Un hermoso concepto dentro de una palabra indecorosa: “Empujar”.
Pero cuando uno no ha visto más empujes que los empujes despreciativos o los que intimidan a la gente, no puede imaginar otra cosa. Y es que nuestros “filtros mentales” sólo dejan entrar  la información que coincide con nuestras aberturas mentales. Imagine esos juegos de niños en los que hay que encajar unas piezas de colores con formas de triángulos, medias lunas, etc… en unas aberturas similares. La mente es igual, está limitada a lo que sabemos, pero hay que abrir el horizonte de la mente para sentir la fuente de todo decir (y todo hacer, y todo sentir) si se quiere comprender el Tai-chi-chuan.

Ahora vienen las buenas noticias que abren nuevos horizontes.
 No hay jaque si se conoce el peligro. Y comprender mal es también un peligro. Un peligro que ya no nos hace mella porque desde hace un tiempo hemos descubierto que la razón que justifica la denominación “empuje de manos”, es una razón conceptual.
Y así como decir es función del pensar…“empujar” es una alegoría de:
    “tocar”, “mover” o  de “trastocar” e incluso “desenraizar” o descentrar”
con acciones suaves que no necesariamente son empujes sino acciones prudentes y por cierto, muy bellas.
Es decir, que el hecho de empujar el eje central de la persona, es un concepto sutil  de una belleza humana específica, que supone colocarnos en un flujo continuo de retos y desafíos a fin de que nos persuada a enfrentar bien los chances de la vida.
Y esto, lo es simple y llanamente por un motivo de pura sensibilidad, pero también lo es de sana seguridad.  Salta a la vista que otro tipo de acciones más dramáticas como  por ejemplo un golpe que pudiese causar daño, serían  contrarias  a una finalidad sensible, como lo es armonizar en curvas fluidas ante intentos de tocar vaporosamente el eje central y no ser tocado, en una suave persecución a través de una esfera en vaivén.

En cuanto a la “mano”, piense que llamamos mano a una mano, pero la mano no sería mano, si fuera la mano por nosotros llamada.
En fin, que la mano es más de lo que llamamos “mano”.
Desde la entrada en escena del “homo hábilis”, la mano ha sido liberada de las piernas.
La tarea subalterna de estar en pie, ha pasado al dominio de las piernas, y esta, ha obrado entonces el milagro de liberar a su vez a la inteligencia y a la sensibilidad latente en el animal, a base de liberar las manos.
La mano del “homo sapiens” ha creado de este modo el mundo civilizado. Y cuando en ocasiones, la mano ha sido liberada del trabajo duro, nos ha conducido a la ampliación y el despertar de nuevos mundos del conocimiento, del arte y de la expresión sensible en general.
Con el tiempo, la mano ha llevado la expresión a sus más altas cotas, y se ha transformado en la expresión más profunda de nuestras emociones, y no hay más que observar los gestos manuales de alguien cuando se expresa. Pero también esta funciona a modo de antena detectora que puede captar información sensible, vibraciones y delicada energía.
Así es como el “homo sensible” del Tai-chi-chuan ha convertido a la mano en bello instrumento de conocimiento elevado.
Pero hay más profundidad en ello.
 Al igual que “empuje” es una alegoría de “tocar sensiblemente”, también “mano” es otra alegoría de “cuerpo entero que se expresa y siente”. Tal es el papel que desempeña en el Tai-chi-chuan  con el máximo rigor y efectividad.

Dicho lo dicho, casi podemos adelantar que “empuje de manos” se podría entender por: “sentir con el cuerpo la vida íntima y secreta del interior y el eje central del otro, y sentir la nuestra y el nuestro, para evitar ser desenraizado.
Y, tanto si el otro no fluye como es debido será tocado por nuestras manos o nuestro cuerpo sensible, asimismo nosotros seremos tocados por la energía desenraizante del otro si se pierde el flujo”.
Esta es la vía de auto-conocimiento que se desprende de la alegoría “empuje de manos”.

Todo esto desarrollado en un juego agradable donde LAS NORMAS son tan simples como divertidas:
“desenraizar el eje central” del otro y “no ser desenraizados del nuestro”. En definitiva, encontrar el eje central del otro y esconder el propio. Tan fácil es de comprender, como difícil es empujar una pelota que flota sobre el agua con otra pelota, porque los ejes centrales de ambas pelotas se esconden mutuamente al flotar y girar. Todo esto se traduce a nivel vivencial en conocer más al otro y con una levedad e incorporeidad  sin límites, no dejar nunca rastros de nosotros mismos.

El “empuje de manos” es un fácil juego de corazón a corazón, que recrea experiencias de éxito donde emana la calma, porque tiene como CONDUCTA PRINCIPAL: la “no-resistencia”.
Puede visualizarse del siguiente modo, cuando dos cursos de agua convergen, el de menor caudal se deja  absorber  por el de mayor, uniéndose. Integrándose y canalizando la fuerza del otro. Lo que nos conduce a ser inatrapables  y poderosos como el agua.
De modo que lo suyo será comportarse en todas las circunstancias como una balanza de precisión, con equilibrio central, donde el punto de toque del adversario sobre nosotros se compensa a favor de nuestro equilibrio interno y lo deja siempre en “punto de presión cero”, en vacío: INATRAPABLE.
 Mientras que por la puerta de atrás rellenamos su vacío con nuestra energía: PODEROSA.
Por último, cambiante con las contingencias del entorno, adaptándose en animoso deleite, como el agua se adapta al recipiente que lo contiene, y siempre en actitud de descanso.

En este juego tan instructivo, hay que desprenderse un poco de la voluntad de si mismo, para recrear siempre la sublime TÉCNICA  de: “la máxima eficacia con el mínimo esfuerzo”.
Esta máxima sólo es posible de realizar, siendo fieles a la economía de la energía y a su sentencia minimalista “menos es más”, y que deriva de la doctrina Taoista que valora como la flexibilidad puede dominar a la fuerza bajo la filosofía del “hacer sin hacer”, hacer lo justo”, “hacer sin forzar”, “hazlo fácil”. No haciendo con más lo que puede hacerse con menos, porque no hay mayor fuerza que no necesitar fuerza, aceptando cada momento tal y como es, encontrando la oportunidad que cada momento contiene.


Y como OBJETIVO FINAL: la consecución de la tan sencilla como monumental “armonía ante los conflictos”.
Porque en realidad, los artes marciales son eso, un camino de paz y armonía donde hay que aprender a situarse en el área de confort de vencer sin combatir frontalmente, fundamentado en aprovechar la fuerza del contrario o de la circunstancia que nos opone la vida y que nosotros conducimos hasta nuestro espíritu en calma para transformarlo en algo positivo, si cabe.


La consecuencia última, en suma sobre lo argumentado es que, empujar se refiere a “tocar el eje central” con energías relativamente mansas. Y sobre todo, mansas por un motivo, por el motivo de privilegiar la sensibilidad espiritual y no caer en la agresividad más grosera.
Todo lo antedicho es lo que conlleva la expresión que en principio parece un poco burda, “empuje de manos”. Pero que ahora nos parece de una hermosura sublime.
Como puede verse, todo depende de lo que nos inspiren las palabras. De la fuente inspiradora del decir que trato de regalarle a su mente y a su corazón.

Ya habíamos sugerido que no se trata de empujar alegremente y groseramente a las personas, sino de optimizar el movimiento natural, y refinar el espíritu en un genial juego, que afina el órgano de la percepción interna hasta límites insospechados. 
Por tanto, la conclusión que podemos extraer es que la maravillosa experiencia del “empuje de manos” alude a acciones no precisamente de empujar. La sutileza del Tai-chi nos ha inducido siempre a entender lo que se quiere decir, no lo que se dice.
 Pensar es fuente del decir y hay que conocer lo que esconde la fuente íntima de ese decir.
Y esa fuente del decir es la que quiere expresar que el “empuje de manos” es un  flujo, un “baile sensible”, ingenioso y extremadamente sutil, que se desarrolla
en una curva fluida infinita.
Una curva donde no hay principio ni final.
En paralelo con una eterna quietud interior en suspenso,
 mientras lo que fluye, fluye por fuera.
El flujo dinámico exterior se siente muy quieto en el interior, arraigado en el interior.
Se siente la quietud dentro del movimiento.
Hasta que movimiento y quietud se transforman en una sola cosa.
Ahora dondequiera que vayas, siempre puedes retornar a esa hermosa sensación de calma fresca y eterno presente.
Una vez experimentado, ya es propiedad de uno mismo y se puede llevar con uno mismo todo el tiempo.
Y… mientras el flujo sigue, siempre hay un YO CENTRAL en calma...
Siempre un YO CENTRAL en calma.

Todo para señalar y enseñar al  practicante a abrazar  la  aguda capacidad   de  escuchar y comprender la  intención,  profundidad  e intensidad de la energía de los demás y el YO CENTRAL en calma. Para a continuación, poder cambiar confortablemente con ella y transformarla a favor de uno mismo. Y de paso adquirir un bienestar general muy saludable, a base de aliviar y liberar las propias tensiones exteriores y abrazar el YO CENTRAL en perfecta calma chicha. Y es así como el objetivo del “empuje de manos” conviene en perfecta armonía con el reto del hombre, que no es más que la calma ante la adversidad.

De modo que cuando llegue la fuerza externa, en lugar de defenderse, de rechazar, de resistir o de escapar; hay que recibir amablemente, como el que recibe a un buen huésped. Traer su energía al centro para absorber y hacer girar todo el cuerpo sobre el eje central para cambiar toda la acción contraria a nuestro favor. Y eso será posible con escuchar lo que el otro propone para cambiar con ello. De modo que como ha quedado demostrado en un principio que pensar es fuente del decir, no estaría mal que perciba la realidad sensible de lo que digo, para intuir cual es la fuente de mi “pensar”, que me lleva a “decir” que dos valores son importantes en el Tui-shou y en la vida: escuchar y cambiar.
                        
 Artículo Original de 
Félix Bargados
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CONTINUARA…

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